Cuidar lo invisible: la estructura que sostiene a los arquitectos autónomos

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La arquitectura se construye sobre estructuras visibles como cimientos, pilares y vigas, pero también sobre otras menos tangibles: la energía, la concentración y la salud. Para los arquitectos que trabajan por cuenta propia, esas estructuras invisibles son las que sostienen la continuidad de su estudio y su creatividad. Sin embargo, muchas veces pueden resultar también las más frágiles.

En los últimos años, el trabajo autónomo se ha convertido en el modelo dominante entre los arquitectos españoles. No es tanto una elección voluntaria como la consecuencia de un sector profundamente transformado desde la crisis de 2008. La figura del arquitecto emprendedor ha sustituido al profesional vinculado a grandes despachos o instituciones, y con ello ha surgido un nuevo perfil: multitarea, resiliente y permanentemente conectado.

Ser autónomo significa asumir la totalidad del riesgo: cada proyecto, cada factura, cada hora invertida depende únicamente de uno mismo.

La exigencia detrás del entusiasmo

El entusiasmo creativo convive con una elevada autoexigencia. Los plazos ajustados, la diversidad de encargos y la necesidad de atender distintas facetas del trabajo —desde la dirección de obra hasta la gestión de licencias o tareas comerciales— configuran un día a día intenso, en el que los límites entre lo personal y lo profesional se difuminan con facilidad. La conciliación se convierte en un reto constante que cada profesional afronta a su manera.

Este ritmo sostenido requiere una gran capacidad de organización y resistencia. No es extraño que aparezcan tensiones físicas o mentales derivadas de la concentración prolongada y la presión de los proyectos, aunque la mayoría de los arquitectos encuentra la forma de adaptarse para mantener la continuidad de su trabajo y cumplir con sus compromisos. La determinación por seguir adelante es una de las señas de identidad del colectivo.

El estudio sobre la salud profesional de Previsión Mallorquina pone de relieve esta realidad: más de la mitad de los autónomos en España reconoce no haber cogido días de baja, a menudo por compromiso con su actividad o por la dificultad de detener un proyecto en curso. En el caso de los arquitectos, la implicación personal con cada obra hace que una interrupción no se perciba solo como una cuestión económica, sino también como una pausa en su propio proceso creativo y profesional.

La continuidad como forma de protección

En un entorno donde el tiempo es un recurso escaso, la previsión se convierte en una forma de cuidado. Prever no significa anticipar lo peor, sino proteger la posibilidad de continuar. Para muchos arquitectos, esto implica contar con un respaldo que no solo cubra la pérdida de ingresos, sino que ayude a mantener la actividad durante la recuperación.

Desde hace más de cinco décadas, Previsión Mallorquina comprende esta realidad. Por ello, su Seguro de Baja Laboral nace de esa experiencia con los autónomos y ofrece una protección integral frente a cualquier enfermedad o accidente que impida ejercer temporalmente la profesión.

La cobertura incluye indemnizaciones diarias desde el primer día, flexibilidad en la elección de franquicias, protección mundial y la deducción fiscal hasta 500 € en el IRPF para quienes tributen por rendimientos profesionales en régimen de estimación directa por la cobertura de enfermedad. Además, cubre patologías musculares, visuales, auditivas y dentales, así como trastornos mentales que requieran hospitalización, un aspecto especialmente valorado en profesiones donde la presión psicológica es constante.

Sin necesidad de reconocimiento médico previo y con un proceso de gestión ágil, el seguro busca adaptarse al ritmo real de quienes no pueden detener su actividad. Porque en el mundo de los autónomos, la agilidad y la personalización son tan esenciales como la cobertura económica.

Arquitectura y autocuidado

La arquitectura ha aprendido, a lo largo de su historia, a integrar el paisaje, la sostenibilidad y el bienestar del usuario. Quizá sea hora de aplicar esa misma sensibilidad al propio ejercicio profesional: diseñar también la salud y la continuidad de quienes la hacen posible.

Contar con un respaldo no es solo una medida de prudencia, sino una herramienta para proteger lo más valioso: la capacidad de seguir creando, proyectando y construyendo.