Ser arquitecto autónomo: un proyecto de vida sin margen de error

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Una vocación que construye, pero también desgasta: así es la realidad de los arquitectos por cuenta propia.

Para muchos arquitectos, la vida profesional no se limita a una jornada laboral. Es una dedicación constante, una vocación que lo impregna todo. Pero ¿qué ocurre cuando el precio de esa vocación es el cuerpo, la salud mental o la pérdida de calidad de vida?

El arquitecto autónomo ha construido su identidad profesional a partir de la crisis de 2008— que transformó el mercado laboral del sector. Muchos no eligieron ser freelance; lo fueron por necesidad. Sin embargo, con el tiempo, han transformado esa imposición en una forma de estar en el mundo: resiliente, versátil y orgullosa. Hoy son mucho más que proyectistas: también son gestores, comerciales, planificadores, administrativos y, en no pocas ocasiones, psicólogos de clientes y mediadores en obra.

“Mi trabajo es como un bebé: lo tienes que alimentar todos los días. Me voy al Camino de Santiago con el portátil. No hay desconexión. No me acuerdo de la última vez que me fui sin ordenador”, confiesa uno de los profesionales en la investigación sectorial elaborada por Previsión Mallorquina.

Este testimonio no es la excepción, sino el reflejo de una rutina habitual para muchos arquitectos autónomos: jornadas interminables, dificultad para conciliar y una sensación constante de precariedad y sobre exigencia.

Un ecosistema laboral exigente y sin red

A esta dinámica se suman otros factores estructurales del sector: concursos públicos que no cubren ni los costes de producción, tarifas no reguladas, fragmentación profesional que obliga a diversificar en exceso - “Hoy hago dirección de obra, mañana un render, pasado gestiono una licencia”-, y una presión continua por cumplir plazos que hace inviable cualquier margen para el descanso.

En este escenario, la salud se convierte en un recurso instrumental. Solo importa en la medida en que permite seguir produciendo. Ponerse enfermo no solo se convierte en un riesgo vinculado al bienestar personal, sino también a la continuidad de todo un proyecto profesional: clientes, entregas, reputación… No es extraño que muchos profesionales del sector trabajen cuando están enfermos, reorganizando entregas, negociando penalizaciones o adaptándose como sea. “Me rompí el brazo tres veces, y aprendí a escribir con la izquierda”, reconoce otro participante.

Y, sin embargo, a pesar de este panorama, la mayoría de los arquitectos no se proyecta en una baja laboral como posibilidad realista. La evitan mentalmente y, en muchos casos, ni siquiera contemplan un seguro como parte de su protección. Además, a esto hay que añadir que, según datos de un estudio realizado por Previsión Mallorquina, solo el 26% de los autónomos cuenta con ahorros suficientes para subsistir en caso de una baja, y el 82% ni siquiera conoce las alternativas que existen a su mutualidad.

Asegurar la continuidad: una necesidad, no un lujo

Aquí es donde cobra sentido el trabajo de Previsión Mallorquina. Con más de 55 años de experiencia asegurando a profesionales por cuenta propia, la compañía conoce de cerca las necesidades específicas de colectivos como el de los arquitectos, y ha desarrollado un seguro de baja laboral que se adapta realmente a su día a día.

No solo cubre la pérdida de ingresos ante una enfermedad o accidente, sino que responde a las demandas reales del colectivo: cobertura inmediata (desde el primer día), inclusión de patologías comunes en el sector, posibilidad de deducción fiscal, protección mundial y, lo más importante, flexibilidad para adaptarse a cada situación personal y profesional.

Su seguro de baja laboral contempla incluso patologías muchas veces excluidas en otros seguros: problemas musculares, mentales con hospitalización, visuales, auditivos, dentales… además de cualquier otro tipo de accidente o enfermedad que pueda detener el día a día de la actividad profesional.

Ser realmente autónomo significa también estar protegido frente a imprevistos, garantizando que, aunque puedan surgir dificultades, el proyecto profesional no se detendrá ni se verá comprometido. Esta visión integral reconoce que la verdadera independencia profesional incluye contar con un respaldo que permita afrontar cualquier imprevisto con seguridad y tranquilidad.






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