
Arrastrado por el viento y la mala mar, el buque mercante Elorrio se precipitó contra los acantilados de Langre pocos días antes de la Navidad de 1960, segando la vida de toda la marinería salvo un tripulante. Las sirenas, los avisos de los vecinos y el bramido de la tempestad se confundieron en la noche y en el recuerdo del niño Juan Uslé que residía cerca de allí: un hecho vivo en la memoria que dio forma a sus exploraciones artísticas tempranas y que hoy es el punto de partida de ‘Ese barco en la montaña’, la antológica que hasta el 20 de abril le dedica el Museo Reina Sofía y comisaría Ángel Calvo Ulloa, veintidós años después de una primera exposición en el Palacio de Velázquez del Retiro. Un periplo cronológico pero circular para revelar idas y venidas entre las distintas series —el pintor las llama familias— ahonda en cuatro décadas de lienzos, dibujos y fotografías que tejen vínculos subconscientes con el mundo alrededor, cuya expresión con el tiempo tendió hacia grandes formatos, ritmos pulsados y características bandas horizontales que sostienen una abstracción introspectiva y lírica.