Formas informes

Formas informes

Luis Fernández-Galiano 
01/09/2025


Anne Holtrop quería ser artista, y ha acabado siéndolo con medios arquitectónicos. Nacido en los Países Bajos en 1977, graduado en 2005 y con su oficina en Ámsterdam desde 2009, sus primeras obras, de la casa Senda al Museo Temporal, fueron encargos artísticos, y tanto sus curvas fluidas como su dimensión topográfica están presentes en el Museo Fort Vechten, un proyecto de 2011 que fue su primera obra importante. En el pabellón Batara de 2013, un laberinto de grutas ejecutado vertiendo yeso en hoyos, alumbra una materialidad gestual que le acompañará en su trayecto creativo, y el éxito en el concurso de 2014 para construir en la Expo de Milán el pabellón de Baréin le llevó a conocer a la que sería su esposa, la arquitecta palestina Noura Al Sayeh Holtrop, afincada en el pequeño país insular del Golfo donde dirige el Departamento de Arquitectura, y a su traslado allí para iniciar una nueva etapa. Ya desde su estudio en Muharraq, Holtrop ha desarrollado un cúmulo de proyectos en Baréin, Arabia Saudí o Emiratos que tienen en común su voluntad artística a través de formas informes, y que se benefician de la escala que les otorga su naturaleza arquitectónica.

El escultor Richard Serra se quejó en varias ocasiones de que los artistas son ciudadanos de segunda clase cuando se miden con los arquitectos en el terreno de los encargos, porque estos obtienen edificios y aquellos solo piezas en una plaza, y es famosa su pugna con Gehry en el Guggenheim por lograr la visibilidad del tamaño. Los protagonistas del land art, Robert Smithson o Walter De Maria —tan admirados por Holtrop—, abordaron este asunto desde el territorio y el paisaje, y otros artistas como Gordon Matta-Clark o Ai Weiwei lo han hecho interviniendo en construcciones o asumiendo el papel mismo del arquitecto, llevado por este último al paroxismo para diseñar con Herzog & de Meuron el monumental Nido de Pájaro en Pekín. Holtrop ejerce en efecto como artista en sus obras del Golfo, haciendo realidad lo que tantas veces ha defendido Jacques Herzog, que los artistas puedan hacer arquitectura como los arquitectos arte. El zoco Qaysariya o el edificio Green Corner, ambos en Muharraq, al igual que los proyectos en Riad de un centro de congresos y de un complejo museístico, solo pueden interpretarse desde el prisma del arte.

Si las obras del arquitecto holandés pueden ser descritas como formas informes, el oxímoron abrevia un conjunto de rasgos materiales —de las texturas rugosas a los objetos minerales— y de gestos expresivos —de las perforaciones excavadas a los moldeados fluidos— que esas dislocaciones abruptas y esos cortes azarosos trasladan del ámbito amable de la opera aperta y la secuencia impredecible al entorno sórdido y sublime de un romanticismo soleado y sombrío. Más surrealista que dadá, y más Masson que Arp, ese arte matérico —que en las retinas españolas describe un itinerario que va de Tàpies y Millares a Fisac o García-Abril— evoca inevitablemente la muestra que Yves-Alain Bois y Rosalind Krauss abrieron en el Pompidou hace tres décadas, y donde ‘lo informe’ se interpretaba a la luz de cuatro atributos: horizontalidad, pulsación, materialismo rastrero y entropía. No sé si el camino que conduce de Batara a Bataille es una senda analítica legítima, pero sí estoy seguro de que Anne Holtrop, en su viaje de Ámsterdam a Muharraq, ha dado un gran paso para materializar las ambiciones de una infancia en la que soñaba con ser artista.



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