Doce meses y doce obras

El año, iniciado con el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, y con un episodio clave en la pugna de las dos superpotencias por la inteligencia artificial, fue especialmente ominoso para una Europa ayuna de empresas tecnológicas, incapaz de defenderse por sí misma y sin apenas influencia geopolítica. Protagonista inevitable del ejercicio fue el hiperactivo e imprevisible presidente de Estados Unidos que, junto a la intimidación bélica, política y arancelaria, desplegó desordenados esfuerzos por alcanzar compromisos en zonas de conflicto como Ucrania o Gaza. Mientras tanto, China siguió creciendo en poder económico, desarrollo científico e influencia diplomática, ejerciendo el liderazgo del Sur Global y ofreciéndose como garantía de estabilidad en un planeta golpeado por el desmantelamiento de las instituciones, el ascenso del populismo y la amenaza del cambio climático. Y una España preocupada por el acceso a la vivienda, la inmigración o la polarización ideológica sufrió en el año el doble impacto de un apagón eléctrico masivo y unos devastadores incendios estivales que arrojan graves sombras sobre la eficacia de su gobernanza.
Los edificios del año, como en otras ocasiones, ilustran las fortalezas y los riesgos del momento presente. El gran anillo de madera de Osaka muestra la sofisticación japonesa, mientras el hotel en Jingdezhen es un recordatorio del auge imparable de China. La influencia de ese coloso se deja sentir también en África, en esta edición representada por el Gran Museo Egipcio, una obra arquitectónicamente deficiente pero que ha elevado la autoestima árabe, mientras el mercado mexicano es una buena muestra de la inventiva latinoamericana. Las tres obras estadounidenses, a cargo de arquitectos europeos —audaz la de Nueva York, exquisita la de Filadelfia y tectónica la de Fayetteville—, hablan a la vez de su músculo económico y de su menor dinamismo cultural, aunque también figura un despacho neoyorquino que completa en Londres un edificio innovador en su programa. Y Europa vuelve a ser este año el ámbito geográfico con mayor densidad de propuestas, con las obras singulares en Lausana, Róterdam, París y Copenhague, que testifican tanto la voluntad experimental como el empeño en lograr dar nuevos usos a lo ya existente.
La crónica de los doce meses del año en el mundo, que comenzó a publicarse en el Anuario de 1994, y la selección de doce obras internacionales, que se incluyó a partir de 1998, se recogen ahora bajo el título ‘World Tour’, que abarca tanto el viaje en el tiempo de la crónica como el viaje en el espacio de las obras repartidas por el planeta. Parece conveniente acompañar la crónica de doce meses y la documentación de doce edificios con el recuerdo de doce figuras internacionales que nos dejaron en el año: el japonés Hiroshi Hara, los estadounidenses Ricardo Scofidio y David Childs, los británicos Nicholas Grimshaw y Terry Farrell, el peruano y francés Henri Ciriani, el sueco Lars Lerup o el chino Kongjian Yu se suman a figuras tan admiradas por los arquitectos como el cineasta David Lynch, el mecenas Aga Khan IV, la galerista Kristin Feireiss o el fotógrafo Sebastião Salgado. Y además de estas doce, hemos prestado especial atención aquí a cinco personas que compartieron parte del camino con nosotros: Françoise Choay, Léon Krier, François Chaslin, Robert Stern y Frank Gehry, a los que despedimos con emocionados obituarios.