
El término ‘estilo’ se ha quedado anticuado para la práctica contemporánea porque supone un enfoque ya obsoleto. Pero esto no significa que no sea necesaria una coherencia interna. Toda práctica arquitectónica debe ser consistente, porque forma parte de un campo más amplio de la producción cultural. Todos —y por tanto la arquitectura también— estamos enredados en cuestiones más pragmáticas, lo que implica que hay muchos aspectos en nuestro trabajo que se escapan de nuestro control. Además, aunque los arquitectos, en cierta medida, somos solucionadores de problemas, no podemos olvidar que también somos productores culturales. Por tanto, para mí, lo importante es la coherencia conceptual en los temas, los procesos y los valores de la práctica: una sensibilidad constante hacia la forma en la que nos relacionamos con el mundo. Y solo entonces, casi como un subproducto, esa sensibilidad acaba manifestándose en algo reconocible, algo parecido a un estilo. Pero el estilo no puede ser un fin en sí mismo...[+]