Nuevas soluciones para que los arquitectos autónomos trabajen con más seguridad y menos incertidumbre

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Entre planos y plazos, los arquitectos por cuenta propia enfrentan su bienestar como un riesgo económico más.

Pocas profesiones combinan tanta carga creativa, técnica y emocional como la arquitectura. Y en el caso de quienes ejercen por cuenta propia, la responsabilidad se multiplica: sin horarios, sin red de apoyo, y con una sensación constante de tener que sostener su estudio a toda costa. 

La arquitectura autónoma: vocación, carga y soledad profesional

“Nos enseñan a ser arquitectos, no a ser empresarios. De repente tienes que saber de contabilidad, fiscalidad, urbanismo, seguros, inspecciones…”, comenta un arquitecto autónomo en una investigación sectorial llevada a cabo por Previsión Mallorquina.

La frase resume perfectamente la complejidad de ejercer la profesión desde la independencia. Una independencia que, en la práctica, se convierte muchas veces en soledad y sobrecarga. El sector está marcado por una precariedad estructural: concursos que no remuneran adecuadamente, tarifas no reguladas y competencia desleal frente a grandes firmas que pueden bajar precios sin preocuparse por la rentabilidad.

En este entorno, los arquitectos autónomos tienden a asumir una multiplicidad de tareas sin límites claros, lo que desemboca en jornadas extensas, agotamiento y una difusa frontera entre vida personal y laboral.

Cuando ponerse enfermo no entra en los planes

La salud, tanto mental como física, se resienten, pero se toleran como si fuera parte del contrato no escrito del autónomo. Ponerse enfermo no se vive como un derecho al descanso, sino como una amenaza directa a la continuidad del estudio. “Si no me encuentro bien o tengo cualquier problema que afecte a mi salud, simplemente no llego al plazo. No hay margen”, afirma otro profesional.

El cuerpo da señales: dolor de espalda, fatiga crónica, estrés. Pero la respuesta es siempre la misma: adaptarse. Buscar soluciones. Inventar formas de seguir trabajando. Según el estudio sobre salud profesional de autónomos de Previsión Mallorquina, el 55% de los autónomos que nunca ha cogido una baja laboral es porque no podía permitírselo económicamente. Y solo el 20% cuenta con algún complemento extra a su mutualidad en caso de incapacidad.

Precisamente, para ayudar a sentirse realmente autónomo, sin miedos ni ataduras, es importante contar con una buena red de apoyo en caso de incidencias no deseadas. Por eso, cobra sentido el enfoque diferencial de Previsión Mallorquina. Un seguro de baja laboral pensado desde la realidad del arquitecto autónomo. No se trata de un producto genérico más, sino de una cobertura diseñada para quienes no pueden permitirse parar, pero que, tarde o temprano, pueden necesitarlo.

Previsión inteligente para una profesión imprevisible

La propuesta de Previsión Mallorquina incluye coberturas completas desde el primer día (sin carencias, salvo embarazo), cobertura mundial, deducciones fiscales, y sobre todo, una atención personalizada que comprende el valor de tu trabajo y lo que está en juego cuando no puedes estar ahí. Porque en un sector tan exigente, ser realmente autónomo no solo significa gestionar tu propio estudio, sino también contar con la seguridad y el respaldo necesarios para afrontar cualquier imprevisto.

Su seguro de baja laboral cubre con total flexibilidad y contempla incluso patologías muchas veces excluidas en otros seguros: problemas musculares, mentales con hospitalización, visuales, auditivos, dentales… además de cualquier otro tipo de accidente o enfermedad que pueda detener el día a día de la actividad profesional.

Porque ser arquitecto autónomo no debería implicar renunciar a la salud, al descanso o a la protección. La previsión no es una carga, sino la herramienta esencial para que puedas ser y sentirte realmente autónomo.