
Incapaz de competir en tamaño o peso político con Taipéi, la ciudad de Taichung se ha afanado durante varias décadas por convertirse en la capital cultural de Taiwán, y hoy puede presumir de varios museos nacionales y de un teatro de la ópera diseñado por Toyo Ito. Afianzando este poder blando y nuevamente en una apuesta por la arquitectura de firma, en diciembre abrirá sus puertas un gran centro diseñado por SANAA, su proyecto cultural más ambicioso emprendido hasta la fecha. Construido a la vera de la vasta zona verde que reforestó los terrenos de un antiguo aeródromo militar, este híbrido entre museo y biblioteca pública —‘museumbrary’ lo han llamado— se desarrolla en ocho volúmenes maclados, completamente acristalados y envueltos en una unificadora malla de aluminio deployé que matiza los raudales de luz natural. Un juego de pasarelas de recorrido aparentemente aleatorio va engarzando los diferentes espacios, que consiguen inmergirse en el paisaje circundante gracias al alto grado de transparencia de la piel, marca de la casa que la enorme escala no ha demediado. La conexión se vuelve además física en la planta baja sombreada y en el jardín que se extiende por las cubiertas, acaso restitución del espacio del parque que ha reclamado para sí este leve coloso.