Libros 

Por amor al arte

On Museum Architecture

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Por amor al arte

On Museum Architecture

Luis Fernández-Galiano 
01/09/2025


El museo no ha muerto, se multiplica. Tras su protagonismo en la euforia económica de los años noventa, se pensó que la Gran Recesión de 2008 y la pandemia de 2020, unidas a diversas crisis bélicas y ambientales, habrían transformado el clima cultural y político, enfriando el entusiasmo por las arquitecturas emblemáticas que tuvieron en el Guggenheim bilbaíno su mejor expresión. Pero, como demuestra Julian Rose en Building Culture, la construcción de museos ha seguido acelerándose en el mundo, y ello tanto en regiones en rápido crecimiento (el nuevo Guggenheim de Gehry, por ejemplo, se abrirá en Abu Dabi) como en zonas donde las obras monumentales ya no son tan apreciadas como antes. A juicio del arquitecto y crítico de arte estadounidense, la razón es doble: por un lado, la ampliación o renovación de los museos es la forma más eficaz de recaudar fondos de sus donantes, a menudo también coleccionistas para los que la institución actúa como banco central del mercado del arte, protegiendo sus inversiones en obras; por otro, tanto el deseo de los museos de llegar a públicos más amplios como las presiones políticas para que amplíen y reorganicen sus colecciones con narraciones renovadas obligan a crear espacios físicos que alberguen esta expansión de su proyección social.

La obra de Rose contiene dieciséis entrevistas en profundidad con autores de museos —algunos tan prolíficos como Renzo Piano, que ha levantado veintinueve y tiene cuatro más en construcción—, precedidas por una introducción inteligente y analítica que se beneficia tanto de su experiencia de arquitecto como de su etapa de redactor en Artforum y de su enseñanza en las universidades de Columbia y Princeton. Ordenados alfabéticamente, de Adjaye a Zumthor, entre los arquitectos entrevistados se incluyen desde grandes figuras como Chipperfield, Gehry, Herzog o Sejima a especialistas como Gluckman o Selldorf, y coinciden todos en manifestar su vínculo biográfico y profesional con el mundo del arte. El crítico, que precisamente está redactando su tesis doctoral sobre los museos de arte contemporáneo, piensa que los arquitectos han ejercido una influencia fundamental en el papel actual de los museos, y que no son solo los últimos espacios experimentales de que pueden disponer los artistas sino uno de los pocos lugares que quedan de una esfera pública cada vez más reducida y fragmentada, además de ser quizá el único tipo de edificio capaz de evitar la optimización económica impuesta por doquier a la arquitectura.

En su recorrido histórico, Rose identifica cuatro museos cuya arquitectura supuso un cambio de paradigma: el Pompidou de Piano, terminado en 1977, que reinventó radicalmente la función social del museo en la estela del 68, y sobre el cual dice su autor que todavía no entiende cómo les permitieron hacerlo, porque «es una locura, un objeto sacrílego en el medio de la ciudad»; el Guggenheim de Gehry, inaugurado en 1997, cuya dramática regeneración del contexto urbano acuñó la expresión ‘efecto Bilbao’ para describir el potencial económico transformador de la arquitectura icónica para las nuevas instituciones culturales; el Kanazawa de Sejima, rematado en 2004, que usó el vidrio para explorar efectos inmersivos que replantearon la influencia de la arquitectura en la experiencia del arte, y cuya proyectista explica que ganó el concurso integrando en un solo edificio el museo y el centro comunitario promovido simultáneamente para acallar las quejas sobre el elitismo asociado al arte contemporáneo; y el museo que hoy construye en la Ciudad de Benín David Adjaye, levantado para alojar los míticos bronces devueltos a Nigeria por el Museo Británico, que además de abordar el tema de la restitución cultural propone a la institución artística como una pieza infraestructural vital en la sociedad poscolonial. Sorprendentemente, no incluye la Tate Modern de Herzog & de Meuron, que desde su apertura en 2000 ha hecho de la Sala de Turbinas un espacio de consagración artística, pero cuya popularidad tiene el ‘lado oscuro’ de estar al servicio de intereses inmobiliarios, y es difícil estar de acuerdo con esta omisión de Rose, más motivada por sus posiciones políticas que por el amor al arte.


Libros reseñados:

Building Culture

Sixteen Architects on How Museums...

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