
El cine estadounidense examina el estado de la nación, y lo hace a través de sendas fábulas, que combinan la farsa con el gran guiñol. Estrenadas en España en septiembre, y producidas ambas en 2025, One Battle After Another es la décima película de Paul Thomas Anderson (Los Ángeles, 1970), y acaso la más política; Eddington es la cuarta de Ari Aster (Nueva York, 1986), y desde luego la más caótica. Las dos cintas tienen en común su empeño en reflejar el momento de su país mediante la sátira disparatada, la acción trepidante, el metraje interminable (170 y 145 minutos) y el protagonista carismático (Leonardo DiCaprio y Joaquin Phoenix). Pero si Anderson permite que el humor y la ternura dulcifiquen el diagnóstico, Aster lleva al extremo la violencia arbitraria para ahuyentar cualquier brizna de esperanza. Estados Unidos atraviesa una etapa tan absurda, irracional e imprevisible que es reconfortante constatar la independencia crítica y la potencia visual de sus cineastas, que a través de la probeta del microcosmos narrativo retratan las dolencias de su cuerpo social.
Paul Thomas Anderson está reconocido desde hace dos décadas como el más dotado director estadounidense de lo que se ha llamado cine de autor. Desde las entrañables Boogie Nights (1997) o Magnolia (1999), y hasta la operística There Will Be Blood (2007), su cine está habitado por gentes desesperadas, disfuncionales o solitarias, así que no sorprende su afinidad con Thomas Pynchon, un narrador sinfónico de la desintegración americana —que por cierto acaba de publicar Shadow Ticket, doce años después de Bleeding Edge— cuya novela de 2009 Inherent Vice trasladó a la pantalla en 2014, y que ahora se inspira vagamente en su obra de 1990 Vineland para transitar del fracaso del activismo contracultural en la época de los Black Panthers al protofascismo supremacista contemporáneo. Con un ritmo frenético, la odisea de un padre para rescatar a su hija reúne a un cúmulo de personajes pintorescos, desde el militar corrupto y paranoico que interpreta Sean Penn hasta el plácido maestro de artes marciales a cargo de Benicio del Toro, y todos en torno al antiguo revolucionario DiCaprio y su hija Chase Infiniti, el mejor descubrimiento de la película. La música repetitiva y agobiante de Jonny Greenwood (Radiohead) puntúa la acción sin aliento que se extiende desde las acciones terroristas en defensa de los inmigrantes que ejecuta el grupo encabezado por la afroamericana Teyana Taylor, y hasta la aventura muchos años posterior que reúne a radicales jubilados en la búsqueda de la niña desaparecida. Inevitablemente salpicada de citas cinematográficas —incluso explícitas, como la aparición en una pantalla de La batalla de Argel, de Gillo Pontecorvo—, y refrescada con momentos de humor tan memorables como la incapacidad de DiCaprio para recordar la contraseña que necesita para pedir auxilio, la cinta es tanto un drama emocional sobre los vínculos familiares como una llamada a la resistencia social ante el deplorable estado del mundo.

One Battle After Another

One Battle After Another

One Battle After Another

One Battle After Another
Ari Aster, tras practicar el horror sofisticado de Hereditary (2018) y Midsommar (2019), ensayó la comedia negra de Beau is Afraid (2023), y ahora regresa con Joaquin Phoenix para ofrecer un wéstern político de explícita violencia que enfrenta a su protagonista, un sheriff desbordado por las normas del inicio de la pandemia y por el bloqueo emocional de su esposa Emma Stone, con el alcalde Pedro Pascal, un cargo electo progresista o corrupto que quiere sacar del sopor a esta pequeña localidad con la construcción de un centro de datos. Por ese diminuto fragmento de América desfilan un cúmulo de personajes extravagantes y desquiciados para servir de soporte a todas y cada una de las derivas contemporáneas: la polarización política, la crispación de las redes sociales, las teorías conspiratorias, el movimiento Black Lives Matter, la proliferación de armas, la fractura de las familias y las comunidades, la anarquía emotiva o la paranoia social. Es esta una sátira amarga y cacofónica que intenta evitar asignar culpas ante una situación absurda, catastrófica y aterradora que ha logrado demoler cualquier esfuerzo de interpretación o análisis racional, y que muestra a un país y a un mundo en proceso de descomposición. Tanto el microcosmos de Eddington como las luchas sucesivas de One Battle After Another dibujan un diagnóstico desesperado de la pérdida de control de nuestras sociedades y nuestras vidas, pero acaso sea imprescindible este bisturí afilado e inclemente para poner el cuerpo enfermo de nuestra cultura en vías de recuperación.

Eddington

Eddington

Eddington

Eddington