Efímera existencia
Ocho pabellones efímeros globales

Marina Tabassum Architects, Serpentine Pavilion 2025, Londres (Reino Unido)
En mayo de 2022, Basilea organizó su primera Semana de la Arquitectura, una nutrida agenda de actividades que permitió acercarse a muchos de los estudios de prestigio y edificios señeros de la ciudad. Año y dos meses después, la municipalidad de la chilena Providencia hizo coincidir el saneamiento de un elemento de agua con un acto público para revitalizar su principal parque urbano. Un bosque normando acoge desde finales de junio de 2024 la iniciativa Forêt Monumentale, con el objetivo de promocionar un turismo más sostenible en la región. Y en la primavera de este año, España ha sido el país invitado de honor a la Feria Internacional del Libro de Bogotá, una de las más importantes en Hispanoamérica.
Este mayo, el barrio de Belén en la peruana Iquitos, conocido como la Venecia amazónica por su entramado de palafitos, dio comienzo a la segunda edición del festival de cine flotante Muyuna Fest. Apenas dos semanas más tarde, Braga celebraba Forma da Vizinhança, una serie de intervenciones bajo el paraguas de la capitalidad cultural portuguesa que activan puntos deprimidos de su periferia. En junio, Concéntrico convirtió Logroño una vez más —ya lleva once ediciones— en un laboratorio de reflexión sobre el espacio público. Y pocos días después arrancaba el Festival de Teatro Aranya, cita que quiere dar un barniz cultural al resort al borde del mar de Bohai que se ha convertido en la nueva meca de la arquitectura china.
Dispersos en el tiempo y en el espacio, los ocho acontecimientos recientes que cubre este dossier tienen sin embargo algo en común: nacieron con fecha de clausura, lo que obligó a las estructuras pensadas para darles soporte a acatar las premisas de ejecución rápida y fácil desmontaje. Así se inscriben en una tipología, la arquitectura efímera, casi tan inmemorial como la doméstica, porque no hay nada más humano que reunirse para festejar. De los banquetes de los faraones a los fastos barrocos, de las Exposiciones Universales a los festivales de verano, todos los actos colectivos quieren hacerse visibles por medio de construcciones que persiguen una imagen reconocible y una experiencia memorable. Por su corta duración, estos proyectos además permiten ensayar posibilidades espaciales y materiales con una libertad impensable en trabajos más ‘serios’, así como explorar nuevos modos de interacción social o de intervención en la ciudad y la naturaleza.
Arquitectura Viva ya se ocupó de este tema en su número 141, cuando se cumplían diez años del que probablemente sea el encargo temporal más cotizado de la profesión: el pabellón estival de la Serpentine Gallery londinense. Como ocurrió con las obras publicadas entonces, de las ocho ahora presentadas en principio nada quedará, salvo un puñado de imágenes y un único recuerdo al que aferrarse en este mundo de mudanzas donde todo da vueltas en la noche y corre el riesgo de acabar consumido por el fuego.[+]

Miguel Arraiz, The Temple en el festival Burning Man 2025, Black Rock, Nevada (EE.UU.)