
El término ‘desiderata’ alude al conjunto de cosas que se echan de menos y se desean. ¿Cómo se podría escribir sobre una guía de la arquitectura moderna y contemporánea de Burgos sin hablar de su maravillosa catedral?
Siempre que voy a la ciudad, lo primero que hago es visitar, una vez más, la catedral, uno de los más hermosos edificios del mundo. ¿Antiguo? ¿Moderno? ¿Futuro? En estas arquitecturas el tiempo queda suspendido y la belleza lo puede todo; es la belleza que todo arquitecto querría para sus obras. Dedicado a la Virgen, el templo es un gótico glorioso con algunos trozos renacentistas y barrocos que lo hacen todavía más bello.
Si yo les hablo del Museo de la Evolución Humana, de Juan Navarro Baldeweg, o de la iglesia de Santo Domingo, de fray Coello de Portugal, les puedo decir que en ambos se siente la sombra de esa belleza de nuestra catedral. Como dirían los antiguos, sub umbra alarum tuarum protege nos.
El museo ha recibido múltiples reconocimientos nacionales e internacionales. Levantado en el solar del que fuera convento de San Pablo, tiene una fuerza impresionante. Y la iglesia dominica es, como todas las que hizo el arquitecto-fraile, preciosísima. Aún recuerdo cómo, de pequeño, mi madre, hija de arquitecto, se deshacía en elogios ante su santuario de la Virgen del Camino, en León.
Y si alguno de ustedes, de fuera de Burgos, me dice que no conoce esas obras, yo apuntaría a la falta de interés de esta (¡inculta!) sociedad nuestra que hace que no se conozca nada, casi nada que no aparezca en los medios. ¿Se dan cuenta de que en los últimos tiempos la arquitectura ha desaparecido de los medios? La música, la pintura o la literatura, lógicamente, llenan las noticias o los suplementos culturales. Pero nunca, ¡nunca!, la arquitectura.
Que ¡por fin! se edite una guía de la arquitectura burgalesa de los siglos XX y XXI es un motivo de agradecimiento a sus promotores. Consigue que esa desiderata se haga realidad.